Antonio Sánchez García ND Quo Vadis?


Un elemental cálculo de probabilidades debiera concluir con la sospecha de que ante un eventual trágico desenlace de la salud presidencial los hombres de armas están en plena aunque muy discreta ebullición. Y de que una salida de la crisis sin ellos, es prácticamente inimaginable. Quo vadis?

Salvo que los informantes de Roger Noriega estén al servicio de la contra información y lo estén engañando, sus afirmaciones, de ser veraces, debieran preocuparnos al extremo. Según dichos informantes, pertenecientes al círculo más cercano al presidente, las expectativas de vida de Hugo Chávez irían de los 18 a los 48 meses. Pero las más recientes declaraciones dadas por el ex embajador de los Estados Unidos ante la OEA han venido a ensombrecer aún más las ya sombrías expectativas de vida del Primer Mandatario: difícilmente podrá sobrevivir más allá del año y medio que resta para el cumplimiento de su mandato. De ser veraces, dichas afirmaciones nos sitúan en el ojo del huracán. ¿Hacia dónde va el país?

La abrupta cancelación de la visita del premier iraní ha venido a fortalecer las sospechas del mal estado de salud del presidente Chávez. Quien, al parecer, no estaría reaccionando favorablemente a las cuatro aplicaciones de quimioterapia a los que se ha sometido en los últimos meses. El mismo Noriega ha señalado en un artículo publicado en varios periódicos de los Estados Unidos, que Chávez se enfrenta a la eventualidad de una muerte más temprana de lo originalmente calculado. Venezuela estaría a las puertas de una situación de crisis de excepción extrema. Lo que, de ser cierto, vendría a corroborar la aceleración del desenlace, temida por muchos observadores internacionales.

Las incógnitas sobre un fatal desenlace no parecen afectar la estrategia opositora, que sigue enrumbada hacia la celebración de primarias y la escogencia del candidato que se medirá con Chávez o quien éste o los hermanos Castro designen. Según todos los indicios, el único político de su entorno que disfruta de la plena confianza de la nomenclatura cubana y no modificaría un ápice en los lineamientos de la política de subordinación, entrega y cooperación con La Habana, Nicolás Maduro.

Una salida altamente riesgosa, pues la carencia de los atributos carismáticos de su jefe no garantiza la victoria para su gris y sombrío discípulo. Enfrentado a una oposición que se verá fortalecida en sus expectativas de victoria ante el eclipse del caudillo y las expectativas reales de obtener un triunfo clamoroso e indiscutible.

Ante ese panorama conflictivo, resta por determinar las posiciones que se disputan en el interior de las fuerzas armadas, árbitro indiscutible en la resolución de la grave crisis de gobernabilidad que enfrentamos. Y en la que sus actuales altos mandos, antes que el factor de resolución, constituyen parte esencial del problema. Las acusaciones de Walid Makled, sin duda en manos de los servicios de información de los Estados Unidos, involucran a varios de sus generales en graves hechos delictivos susceptibles de ser llevados a cortes norteamericanas. Pues se relacionan con el terrorismo y el narcotráfico.

Es de esperar que dichos factores agoten sus posibilidades en el mantenimiento – por la razón o la fuerza – del régimen imperante. Sus vidas dependen de ello. Pero como es lógico suponer, deberían enfrentar a otros factores que, limpios de polvo y paja, no están dispuestos a ver arrastrar por los suelos la honra y el honor del principal sostén del mantenimiento de la República.

Un elemental cálculo de probabilidades debiera concluir con la sospecha de que ante un eventual trágico desenlace de la salud presidencial los hombres de armas están en plena aunque muy discreta ebullición. Y de que una salida de la crisis sin ellos, es prácticamente inimaginable. Quo vadis?

Fuente: NOTICIERO DIGITAL