Viaje al centro de la MUD


Es, ante todo, una realidad organizativa en pleno funcionamiento. Está muy lejos de ser la instancia abstracta y desasistida que algunos se imaginan. Hace rato que dejó de ser una suma de partidos: es un entramado político y técnico, superpuesto y equilibrado, asistido de un importante costado académico, con fuerte presencia de independientes y voluntarios, cuyas instancias se reúnen de lunes a lunes para construir un referente consolidado que atienda las demandas del largo plazo.

ALONSO MOLEIRO

Aunque sigue teniendo cuentas por aprobar, la Mesa de la Unidad Democrática está consolidando hasta el sol de hoy, sin duda ninguna, un laborioso, planificado y meritorio proceso organizativo, técnico y político que le permite aproximarse al umbral de 2012 con inéditas posibilidades de alcanzar lo que, en caso de materializarse, sería una victoria electoral con un impacto histórico….

No se trata únicamente de haber creado una plataforma de acuerdos para organizar un cronograma electoral. En las entrañas de la MUD se cocina, en este momento, sin que casi nadie lo sepa, uno de los esfuerzos programáticos y políticos de mayor alcance y seriedad en la Venezuela de las últimas décadas. Hago esta afirmación con pleno conocimiento de causa y con entera responsabilidad.

Es la MUD, ante todo, una realidad organizativa en pleno funcionamiento. Está muy lejos de ser la instancia abstracta y desasistida que algunos se imaginan. Hace rato que dejó de ser una suma de partidos: es un entramado político y técnico, superpuesto y equilibrado, asistido de un importante costado académico, con fuerte presencia de independientes y voluntarios, cuyas instancias se reúnen de lunes a lunes para construir un referente consolidado que atienda las demandas del largo plazo.

Los partidos que integran el bloque opositor ejercen el comando de su directiva, pero comprendieron que, para que éste sea un proyecto efectivo y viable, el todo tiene que ser algo más que la suma de las partes. Han ido encontrando, entonces, con el paso de los meses, el equilibrio perfecto para ceder a esta plataforma federada algunos atributos que cubran las demandas del ámbito unitario sin que ninguna organización, por lo demás, pierda su autonomía.

Tiene la MUD en este momento dos instancias directivas, que se reúnen todas las semanas, o más, en caso de ser necesario: el Equipo Permanente, o G7, espacio operativo en el cual están los jefes delegados de partidos políticos más grandes, y una dirección ampliada, de carácter estratégico, el llamado G15, con la participación del resto de las organizaciones políticas. Son esferas directivas con atribuciones complementarias, y, al mismo tiempo, claramente delimitadas. A ellos hay que sumarle una tercera rama en la toma de decisiones: la Junta Coordinadora del Grupo Parlamentario de la Unidad.

Son ellos, en tanto que dirigentes políticos, como ha dicho el propio Ramón Guillermo Aveledo, la Junta Directiva de esta coalición. Aveledo se encarga de la denominada “Secretaría Ejecutiva”: una especie de Gerencia General encargada de compatibilizar y orquestar las decisiones políticas que se toman. En torno a la Secretaría Ejecutiva hay, a su vez, varios equipos técnicos y de asesoría trabajando de forma tesonera ­y casi siempre gratuita­ para producir un programa político viable y aportar en la mejora del desempeño político general de la Alternativa Democrática.

Uno de los equipos más interesantes que trabaja en torno a la Secretaría Ejecutiva lo constituye la denominada Unidad Técnica, coordinada por Marino J. González. Sobre sus hombros descansó el diseño de las denominadas 100 soluciones para la gente, propuesta programática de las elecciones parlamentarias del año pasado.

Si queda por ahí algún espíritu perdido dispuesto a culpar a la oposición por “no tener proyecto de país”, lo único que tiene que hacer es aproximarse al ámbito de trabajo de la Unidad Técnica de la MUD. 25 equipos especializados, con 300 personas, distribuidos en razón de todas las áreas de interés nacional, se están reuniendo en este momento de forma febril y desinteresada, una y dos veces por semana ­y también gratuita­, para producir un documento técnico que no puede tener fisuras: el Programa de Gobierno de la Unidad Nacional. En sí mismo es el desarrollo profundizado de las llamadas “100 soluciones” y que deberá ser suscrito por los precandidatos de la Unidad en un acto público a fines de este año.

Todas las áreas de interés nacional, dije: seguridad ciudadana, movilidad y desarrollo urbano, industria, economía, petróleo y energía, inflación, microempresas, ciencia y tecnología, pobreza, cultura, empleo permanente, educación, ambiente, electricidad, agroindustria, descentralización, desarrollo rural.

Participan ahí, por cierto, no sólo venezolanos honorables y respetados, sino además, algunas de las cabezas mejor amobladas de este país: Roberto Briceño León, José Manuel Aller, Gisela Kozak, Ricardo Villasmil Bond, Marcos Negrón, Fermín Mármol García, Juan Martín Echeverría, Carlos Machado Allison, Maritza Jiménez, Celia Herrera, Marcos Tarre, Gioconda San Blas, entre muchísimos otros.

El documento, que debe ser consensuado, será remitido a la Comisión de Políticas Públicas de la MUD, que dirige Pedro Benítez, para que las fracciones profesionales de los partidos le den el tratamiento final con el objeto de convertirlo en una Tesis Política. Hay ya en progreso Comisiones de Enlace con los comandos de las candidaturas existentes para que éstos aporten sus observaciones y sugerencias.

Quiere esto decir que uno de los objetivos que hemos juzgado más apreciados para poder consolidar un avance sostenido ya ha comenzado a gestarse: el engarce entre los partidos y la sociedad civil.

Tendrá la MUD, entonces, el 12 de febrero de este año, además de Tarjeta, un programa político común: una bitácora de gobierno para los próximos años, pensada para la reconstrucción nacional, consultada, fruto de la voluntad de los venezolanos por sacar a su país del ruinoso y decadente estado actual. Un documento técnicamente viable, con una visión centrista de la gestión de gobierno, similar a la que ahora se adelanta en otros entornos latinoamericanos, puesta en las manos del candidato que elijan los ciudadanos en la consulta que se avecina.

La MUD es, pues, la institución de la Unidad Nacional hecha ya una realidad: un espacio político reconocido hoy por todos como la Coalición que deberá timonear la dificultosa transición política que se avecina. Sus detractores más inclementes del pasado hoy le reconocen su autoridad.

Nunca antes se había abordado un reto electoral con este margen de trabajo adelantado y armonía cotidiana. Piense el lector, por un momento, en aquel amasijo disfuncional, creado a las carreras entre un mes y otro, que fue la Coordinadora Democrática, en 2002; o en la oposición fragmentada del año 2006, un parte de la cual desconocía a la otra, deshojando la margarita en torno al significado de la palabra “dictadura” y la importancia de participar o no en unas elecciones. Por supuesto que es un espacio con pugnas y pequeñas tensiones. Lo que se está levantando no es un club de amigos.

Los desacuerdos, que no tiene sentido desconocer, están en este momento en su punto más bajo. Se trata de un grupo de partidos políticos con intereses y diferencias en el enfoque. Es cierto, también, que persiste un trecho del trabajo que se está realizado a medias: la vocería parlamentaria es anémica; la presencia en opinión pública de la Mesa carece de la garra requerida. La MUD necesita limpiar y afinar los cañones para el reto que se avecina. Un gobierno que está destruyendo por completo a este país conserva márgenes de aceptación porque no ha podido ser desenmascarado.

Los políticos de la MUD merecen en este momento, sin embargo, todo el estímulo y el reconocimiento del país nacional. A quienes creen que todo está perdido, o están pensando en emigrar, porque sienten que ya nada queda por hacer, yo los invito a respirar por un rato este breve interregno de responsabilidad y compromiso que nos está brindando, sin hacer mucho ruido, este costado más bien poco comentado de la realidad nacional. Promete mucho el 2012. Nadie debería perderse el final de esta película.

Fuente: Tal Cual