
Lo que más me ha preocupado de las declaraciones del ex magistrado Aponte Aponte, no son esas confesiones en donde queda expuesta en toda su magnitud la corrupción del poder judicial, algo que más o menos gran parte del país ya sabía o intuía, no, no fue eso… la parte que realmente me preocupó, es aquella que deja al descubierto la posible penetración en las fuerzas armadas del narcotráfico y sus industrias conexas, en otras palabras, del crimen organizado.
Lo del poder judicial deberá abordarse en el futuro con una extensa y profunda desinfección y reorganización, pero es y siempre será, salvo episodios aislados, una operación “pacífica”, traumática para muchos, para todo un sector de la sociedad, incluso espectacular en algunos casos, pero pacífica y sin mayores implicaciones para la paz ciudadana, si no se cometen torpezas a la hora de intervenir los cuerpos policiales, por ejemplo.
Pero lo de la penetración del narcotráfico y sus mafias en nuestras fuerzas armadas es algo que considero muchísimo más preocupante, porque de la extensión de esa filtración realmente no se tiene un conocimiento cabal, y el posible daño estructural que esa filtración ha podido provocar también lo desconocemos, por lo tanto, si ese daño pudiese crear una eventual fractura en la FAN, en un futuro signado por la salida de escena de Chávez, eso es algo sobre el cual sólo nos resta especular, aunque algunos pretendan hablar sobre base cierta.
Porque la salida de escena de Chávez, ocurra cuando ocurra, antes o después de las elecciones, con él o con el “ungido” como candidato, candidato aspirante o ya reelecto, no hay duda que precipitará al país hacia una transición, incluso en la remota hipótesis de un triunfo opositor.
Se ha repetido hasta la saciedad y hasta poniendo “voz enfática”, que la mayoría de nuestras fuerzas armadas son institucionales y se comportarían como tales en el caso de una transición, pero como eso no se puede probar aún, no sin comprometer a esas mismas fuerzas que han permitido que se les denomine “Chavistas” sin nunca mostrar ni el menor atisbo de objeción, esa declaración de virtud por ahora habrá de quedar, más como una profesión de fe que otra cosa.
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