“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.
Martin Niemöller
Lo que voy a narrar son hechos análogos. Son dos historias dolorosas, distantes, con personajes diferentes. Una historia fue marcada por el abismo de una guerra, llantos y vidas perdidas y la otra historia es actual, vigente, “en pleno desarrollo” entre nosotros. Pero, hay algo indubitable e inequívoco que las une. Las circunstancias de modo, tiempo y lugar de ambas historias aun cuando son extremadamente diferentes; se entrecruzan en el umbral de la subsistencia humana, de la libertad y la vida. Más que una alerta, más que unas simples historias. Son una campanada, una lección de vida y una enseñanza ante el sectarismo, el fascismo, el miedo y la indiferencia política que todavía existen entre los venezolanos.
No me preocupa quienes hacen el mal, quienes persiguen injustamente, quienes abusan del poder o roban; ó quienes comenten el peor de los crímenes contra la humanidad. Porque contra ellos, tenemos dentro del sistema Democrático la fuerza de la ley y el Estado de Derecho para castigarlos con leyes inexorables. Me preocupa realmente, como ciudadano, como hombre, como demócrata, como ser humano. El silencio cómplice, la falta de solidaridad y la cobardía de quien vive en medio de nosotros; en nuestras casas, en nuestro trabajo, en nuestra vida diaria. Me inquieta, esas personas que te dicen ¿Yo no me introduzco en política para no meterme en líos? Pensando, qué con ello se puede salvar algun día, de una realidad y un destino que nos alcanzara inexorablemente. Y que cada día, sigue avanzando como una peste sin que ningún líder político, ningún gremio, ningún estamento de la sociedad convoque a protestar, a levantar nuestras manos y nuestras voces; para decir alto. Ante tanto atropello, tanta burla e injusticia. Ya callar, amigos míos no es una opción para sobrevivir en Venezuela.
En 1933, Niemöller ganó fama por un libro, llamado “Del submarino al púlpito”, que narraba su vida y su transformación de comandante de un submarino durante la I Guerra Mundial a pastor de una iglesia protestante. El libro no es una de esas sagas de guerrero que se convierte en pacifista, porque Niemoller sentía mucho orgullo por su carrera naval y también por sus actividades en el Freikorps, una organización de veteranos contrarrevolucionarios que atacaba al movimiento obrero revolucionario de Alemania, tras la I Guerra Mundial. La prensa nazi de ese tiempo elogió el libro y fue uno de los más vendidos durante los primeros años del gobierno nazi. En la conclusión del libro, Niemoller celebró la llegada al poder de los nazis y el “RENACIMIENTO NACIONAL” que suscitaron.
Niemoller no era único en eso. El libro de William Shirer “El ascenso y la caída del Tercer Reich” dice que la mayoría de los pastores protestantes se alegraron con el “advenimiento” de Hitler. Sin embargo, en 1934 Hitler trató de combinar a la fuerza las movimientos protestantes en una sola “Iglesia del Reich” y hacer que adoptaran una ideología más conforme a los nazis. Niemöller, el líder de la iglesia Confesionaria, no quiso ceder la autonomía y en mayo de 1934 la iglesia Confesionaria declaró: “que era la legítima iglesia protestante del país”, en oposición a los deseos nazis. Siguieron varios años de batallas y treguas precarias; el nivel de fricción escaló pero mayormente se centraba en las medidas nazis respecto a la iglesia. Sin embargo, a pesar de su oposición inicial, no se contrapuso a las medidas generales contra los judíos y otros grupos.
Aunque su conflicto con los nazis aumentaba, Niemöller se cuidó siempre de no traspasar ciertos límites. Hasta intentó superar a los nazis en patriotismo y les dijo a sus amigos que Hitler era un hombre inteligente pero que lo rodeaban imbéciles y charlatanes. Cuando Dietrich Bonhoeffer, un teólogo protestante que también era pastor de la iglesia Confesionaria, exhortó a los cristianos a ayudar a los judíos y a tomar medidas directas contra la persecución, Niemöller le contestó que la iglesia tenía que preocuparse de su propia seguridad antes de alzar la voz por otros.
Al final, nada de eso ayudó ni a Niemöller ni a su iglesia. En mayo de 1936, cuando la iglesia Confesionaria rechazó ciertos aspectos del antisemitismo oficial y pidió de nuevo un alto a la intervención en asuntos eclesiásticos, los nazis arrestaron a centenares de pastores, confiscaron las arcas de la iglesia y asesinaron a un pastor muy conocido. El 1° de julio de 1937, a Niemöller – ex comandante de submarino, autor de libros supervendidos, famoso pastor de una parroquia adinerada y ex niño mimado de la prensa nazi- lo arrestaron. Pasó ocho años en cárceles y campos de concentración nazis, con cuatro años de aislamiento.
Pasada la guerra Niemöller expreso en una entrevista: “Preferíamos mantener silencio. Claramente no somos inocentes y me pregunto una y otra vez: ¿qué habría pasado si en el año 1933 ó 1934, 14.000 pastores protestantes y todas las comunidades protestantes de Alemania hubieran defendido la verdad hasta la muerte? Si hubiéramos dicho: No es correcto que Hermann Göring simplemente meta en campos de concentración a 100.000 comunistas para que mueran. Puedo imaginar que tal vez 30.000 ó 40.000 cristianos protestantes habrían muerto, pero también puedo imaginar que habríamos salvado a 30 ó 40 millones de personas, porque eso es lo que [el silencio nos costó]“.
Ana María Abreu de San Miguel, médico de profesión, venezolana, es una ciudadana de los miles o millones que salen todos los días a trabajar y dar lo mejor de sí, por el país. No la conozco, no sé quién es, no sé donde vive. Solo sé por prensa, que hace 12 años atrás, decidió un día caminar hacia Miraflores con la esperanza de conseguir un trabajo. Y desde hace años viene desempeñando su cargo con pasión, con entrega. Ganando “sueldo mínimo” por medio de un contrato. Seguramente leyendo historias médicas, informes, récipes, atendiendo a damnificados en la plaza Bicentenaria de esos que tienen arrimados como un perol viejo, en un cubículo estrecho y pequeño. Sin computadoras, sin blackberry. Demostrando que ser profesional, que ser médico venezolano; es seguir preparándote. Es dar lo mejor de ti cada segundo y entregarse plenamente a ello, aunque soportes unas condiciones de trabajo que no son apropiadas ni ajustada a tu dignidad profesional. Pero, ella lo acepta por salvaguardar y ser fiel a el juramento de Hipócrates que un día empeño ante la patria.
Ana María, sin importar ideología ni condiciones políticas salva todos los días seres humanos. Esto, es un punto que nunca se nos debe olvidar. Seguramente, se trasnocha montando guardia ó llama a una ambulancia a media noche para que busquen un paciente desde el palacio blanco. Tal vez, toma café y desayuna corriendo pensando que puede llegar tarde a su trabajo. Atiende a su esposo, cumple con su carga familiar, paga sus impuestos como cualquier venezolana. En una sola palabra, cumple con su país, con la sociedad, con el gremio, cumple con todos. Pero, cuál fue su delito, cuál fue su expiación de pecado. Ser la cuñada de Rocío San Miguel, una abogada que desde una ONG llamada “Control Ciudadano” denuncia constantemente las compras de armas por parte de éste régimen militarista e inepto. Y da a conocer, informaciones militares sobre los diferentes cuadros que conforman el vector militar.
Para evitarse líos, Ana María tomo dos decisiones tal vez controversiales pero respetables. La primera, era nunca revelar su apellido de casada al palacio blanco ni a la revolución ni a nadie. La segunda, fue mantener estrictamente el mínimo contacto familiar con su cuñada; porque sencillamente no le gustan los asuntos políticos y para ella “tal vez” era totalmente indiferente la situación del país. A lo mejor, lo hizo con la ingenua esperanza de no ser alcanzada por el brazo de un Estado, que usa la persecución como política. Que implementa, este régimen militarista e inepto contra quienes se enfrenta, contra quienes denuncian, contra quienes escriben ó acusan constantemente las violaciones de derechos humanos que constantemente se ejecutan en el país.
A Ana María Abreu, “tal vez” se cuido de no pasar ciertos límites con Niemöller. “Tal vez”, observo hechos con los cuales internamente no estaba de acuerdo. Pero, de la noche a la mañana de la forma más dantesca y abrupta se encuentra tras los barrotes, “por este gobierno que dice ser humanista”. Su detención ilegal, sin orden previa fue grotesca, no se le permitió tener derecho inicialmente a una asistencia jurídica adecuada. Y está esperando, en una putrefacta celda que pasen 45 días para que el Fiscal del Ministerio Público, realice delante de un juez el acto conclusivo que le de la libertad o la lleve a un juicio político más que jurídico. Ella, es acusada por este régimen militarista e inepto de “presuntamente” “REVELAR INFORMACION SECRETA QUE PONE EN PELIGRO A LA NACION”. Cuando, en realidad en nuestra legislación no se determina que es “una información secreta”. Solo se vio funcionarios del SEBIN revisando computadoras, “tal vez” pudiéramos presumir por la forma ilegal en que se ha llevado todo el procedimiento. A lo mejor, sembrando correos electrónicos donde “presuntamente” se encontraron las pruebas. Todo es hermético y cerrado, nadie sabe nada “tal vez” ella es una “Ana Frank” sin diario. Pero, ella decidió un día ser indiferente, guardar silencio, cerrar los ojos y no darse cuenta que vivía todos los días en la cueva del lobo.
Lo cierto del caso, es que Ana María es el “arma o la prueba diabólica” con el cuál “tal vez” se pretenda amedrentar a Rocío San Miguel y a sus fuentes. Pero también seguramente es el globo de ensayo, el nuevo “modus operandi” con el cual este régimen militarista e inepto actuará como hacía la policía “Vecheka” de Joseph Stanli, en “tiempos revolucionarios”, cuando se pretendía acusar y hostigar a sus opositores. Mañana podemos ser ud., un familiar de ud., un amigo de ud., o tal vez yo. Por atreverme, a señalar firmemente esta violación de derechos humanos de forma sistemática y reiterada. Todos, somos “presos potenciales” de un sistema fascista, que creé estar por encima de Dios, de la Constitución y de todos nosotros. Recordemos que el sistema de gobierno de la Unión Soviética no tenía su legitimidad basada en el apoyo popular y por lo tanto se protegió a sí misma de “presuntas” amenazas externas e internas, por medio de un fuerte sistema de seguridad. El sistema incluía a la policía regular, cuerpos judiciales, órganos de persecución y la policía de seguridad, así como el departamento de seguridad externa y el aparato de inteligencia.
Hasta cuando tanta pasividad y miedo por parte de los venezolanos. Hasta cuando debemos permanecer callados mientras que se cometen tantos atropellos, tantas vagabunderías. – Me pregunto hoy – ¿Dónde están los médicos colegas de Ana María, están protestando? ¿Por qué el Colegio Médico no ha salido en defensa de su agremiada? ¿Cómo es posible que en este país, los jueces no hayan reclamado ni protestado a favor de la Juez María Lourdes Afiuni? ¿Cómo es posible que los Abogados, el Colegio y la Federación no nos hayamos parado firmes a favor del Dr José A. Graterol?. Independientemente, de los aspectos de fondo de cada caso.
Son dos historias, que se repiten en diferentes perspectivas, pero al final es el mismo fondo del tema. Es la persecución, es la lucha por la vida, son los derechos humanos, son los ultrajes a la dignidad y el honor, es el debido proceso, el derecho a la defensa, es el principio acusatorio, es la igualdad de las partes, es el abuso de poder, es el control constitucional, es la prisión por conciencia ó por persecución por ideas aunque seas inocente. Es el sectarismo, el fascismo en plena acción. Sólo diré como John Donne (1572 – 1631) “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.
José A. Martin E.
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