OPINION – UNIVERSAL – Científicos sociales y conductas populares


ELÍAS PINO ITURRIETA |  EL UNIVERSAL
domingo 30 de octubre de 2011  12:00 AM

Las Ciencias Políticas son fundamentales para el conocimiento del entorno, hasta el punto de que se hace imprescindible su consulta para el entendimiento de los asuntos relacionados con la administración del bien común. Cuando se fundó la Escuela de Estudios Políticos de la UCV sentí que se agregaba un saber que le faltaba a la sociedad, y animé a algunos jóvenes para que se sentaran en sus pupitres. Hoy mantengo la misma posición, desde luego, pero me parece que muchos de sus análisis, o más bien muchos de los presupuestos de carácter panorámico que salen de sus aulas, o de las investigaciones de sus catedráticos, no atinan en el entendimiento de la política venezolana. Quizá sea, más bien, que la realidad del país produce una contradicción con los estudios ofrecidos por la escuela, hasta el punto de colocarnos ante un rompecabezas cuya soldadura se vuelve demasiado complicada, si partimos de ver la relación establecida entre amplios sectores de la ciudadanía y el Gobierno que supuestamente padecen. ….

Cuando se mantienen por demasiado tiempo en las alturas, los gobiernos en general, y el actual de Venezuela en particular, sufren el desgaste del almanaque y siembran desencantos a granel entre sus gobernados, enseñan los respetados amigos politólogos. Lo que le sucede a los gobiernos pasa también con su líder, de quien se alejan las multitudes cuando comprueban la falsedad de sus promesas o cuando sufren las consecuencias de su ineptitud, agregan sin vacilación. Ejemplos suficientes llevan en la carpeta para probar la afirmación, no en balde así ha sucedido en la generalidad de las sociedades desde antiguo. Pero, si damos crédito a las averiguaciones de opinión que se hacen con frecuencia, o a la simple observación de la conducta de vastos sectores de la colectividad ante la acción del régimen imperante, brotan infinidad de objeciones y preguntas que dejan mal parada la sabiduría de los especialistas. No sólo de los politólogos, dicho sea de paso, sino de otros expertos como los sociólogos y los historiadores que caminamos la misma ruta orientada al entendimiento de la sociedad a través del tiempo. La idea o el saber que compartimos con los politólogos son vapuleados por las encuestas, especialmente por las más serias -que sin duda las hay; no me refiero a Jesse Chacón y Cía.-, cuyos detalles indican la escala de aceptación, no pocas veces de un caudal impresionante, que tiene una administración ya vieja y de comprobada incompetencia, en la cual también destacan las máculas de la mentira y la ladronería. Pareciera, por lo tanto, que lo que se aprende y divulga en las cátedras de politología, sociología e historia deviene aporte baldío ante las conductas de los venezolanos frente a le “revolución” y ante su líder. Mientras más fallan se ven ellos más favorecidos por los sondeos de opinión y por el complaciente sosiego de los gobernados.

Existe la tentación de encontrar explicaciones del fenómeno en los dirigentes de la oposición, o en la dificultad que han tenido de encontrar un líder suficientemente capaz de enfrentar con éxito al presidente Chávez y a su gobierno. Tal vez no sea acertada esa explicación, no sólo porque busque la razón del problema en un segmento que no se puede mirar en solitario para destapar sus falencias y quedar en paz, sino también porque quienes lo forman han trabajado sin descanso para sacarnos del atolladero mediante el manejo de las armas que pueden lícitamente usar; y porque se advierten alternativas personales de liderazgo con las cuales animarse. El desierto no encuentra explicación en el aparente desacierto de los pocos que han tratado de ofrecerle agua, abono y habitantes, en especial cuando las encuestas no refieren situaciones transitorias, poses instantáneas, sino una sensibilidad reiterada. La posibilidad cercana del continuismo de Chávez es evidente, si vemos con cuidado tales encuestas. De allí la necesidad de mirar hacia otra parte, como politólogos, o como sociólogos e historiadores, aunque la mirada sólo produzca desolación.

¿A quién mirar? Al pueblo, con el objeto de detenerse en sus rasgos sin la indulgencia de quienes lo observan como candidatos de algo que los obliga a la hipocresía. Un politólogo serio, lo mismo que otro cualquiera de los profesionales nombrados, tiene la obligación de escudriñar las limitaciones del pueblo venezolano en materia de ciudadanía, su cohabitación en una sociedad de cómplices, su prosternación ante tiranías como la de Gómez, su memoria complaciente con Pérez Jiménez, su hábito de parasitismo que data del siglo XIX y se fortalece con la explotación del petróleo, su coqueteo con los hombres de presa y con los Césares salvadores, en suma, un conjunto nada halagüeño de actitudes que nos alejan del republicanismo y nos invitan a aceptar el anuncio del continuismo sin cargos de conciencia. Contra tales reacciones chocan las teorías manejadas en la universidad, y los manuales eruditos que llegan del extranjero, no en balde aconsejan búsquedas en los rincones, o en plaza equivocada, cuando el entendimiento se localiza en la médula de una sociedad peculiar a la que conviene una radiografía sin contemplaciones. Pero de la radiografía también saldrán las características que nos pueden salvar como sociedad, las evidencias de lo que hemos cambiado presionados por la dureza de las circunstancias, es decir, la posibilidad de sentir que no será necesario bajar la santamaría. 

eliaspinoitu@hotmail.com

Fuente: EL UNIVERSAL

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2 comentarios a “OPINION – UNIVERSAL – Científicos sociales y conductas populares”

  1. Usted sostiene en este artículo que, “Un politólogo serio, lo mismo que otro cualquiera de los profesionales nombrados, tiene la obligación de escudriñar las limitaciones del pueblo venezolano en materia de ciudadanía, su cohabitación en una sociedad de cómplices, su prosternación ante tiranías como la de Gómez, su memoria complaciente con Pérez Jiménez, su hábito de parasitismo que data del siglo XIX y se fortalece con la explotación del petróleo, su coqueteo con los hombres de presa y con los Césares salvadores, en suma, un conjunto nada halagüeño de actitudes que nos alejan del republicanismo y nos invitan a aceptar el anuncio del continuismo sin cargos de conciencia.”.

    Estimado profesor, permítame decirle lo siguiente: la comprensión de esta “situación” y posterior explicación le corresponde a los científicos sociales, entre ellos por supuesto a los politólogos a los cuales la sociedad venezolana debe exigírselo, así como a los historiadores, dado que las raíces de los proposiciones señaladas en su texto se sitúan en lo se ha dado en denominar la historia. Por esa razón, en nuestras clases de Sistema Político Venezolano, nos colocamos en una perspectiva histórica para indagar en el pasado las fuentes de nuestro desarrollo llamado moderno. Precisamente, tal óptica nos ha permitido observar como las formas de hacer la política en el siglo XIX y buena parte de XX, ha contribuido a la creación de una resistente cultura política personalista, autoritaria, militarista y elitista, que ha permeado el desarrollo del sistema político moderno. Residuos culturales los llamó Wilfredo Pareto, los cuales se mantienen cual “células durmientes” y al darse las condiciones políticas y sociales reaparecen en el ideario colectivo. Es la llamada “memoria sistémica” donde se acumulan los saberes, las experiencias, las respuestas rutinarias, etc., que son movilizadas por el sistema político cuando se ameritan como recursos para su funcionamiento. En síntesis, se trata de la dicotomía: “personalismo político vis a vis partidos políticos”, surgida a partir de 1945-1948, la cual se expresa hoy en “la personalización del voto vis a vis la lista por partidos”. La polarización de hoy es la expresión política de esa confrontación cultural, por un lado la oposición cuya cultura política se inclina hacia la democracia republicana, pero permeada de personalismo político que es la expresión moderna del caudillismo decimonónico, de allí la resistencia a los partidos y cualquier forma de organización con fines políticos. Por otra parte, el bolivarianismo, centrado en una cultura política caudillesca, autoritaria y militarista moderna, pero viven el dilema de la creación del partido único de la revolución, la modernidad se expresa en la necesidad de coexistencia de partido y caudillo. Se trata por lo tanto de la existencia tensa, contradictoria y dinámica de una cultura politica híbrida, suerte de mezcla del pasado histórico cultural con el presente y el futuro de una cultura democrática cada vez mas omnicomprensiva. En fin este es un vasto tema de los Politólogos, los historiadores, de los Psicólogos, de los sociólogos, de los antropólogos, de los economistas y de las ciencias militares. En fin de cuentas somos una ciencia segmentada y superpuesta a otras ciencias sociales. Sin embargo, no pretendo eludir la responsabilidad intelectual de los politólogos, en particular, aquellos que han sido en las Escuelas de politología del país, de sus postgrados y de sus centros de investigación, no, por el contrario, en tanto miembro de la primera promoción de politólogos de Venezuela (1978) y profesor de pre y postgrado en ciencia política de la UCV, siento el inmenso peso de la responsabilidad atribuida usted a esta joven en circunstancias políticas tan difíciles para la democracia y el porvenir de nuestra desgarrada república. Para cerrar estos breves comentarios, permitame recordarle la distancia entre el politólogo y el político. Cuando un politólogo hace política se aleja de la ciencia y se transforma en su propio objeto de interés académico. En las circunstancias venezolanas la academia ha acumulado una deuda científica irreparable: sus recursos intelectuales han sido exigidos a la acción política, escaseando cada vez más, los dedicados a dedicación exclusiva a la investigación y la docencia universitaria. También nosotros los politólogos hemos sido afectados, por partida doble, del desgobierno autoritario, personalista, populista y militarista del Presidente Hugo Chávez y los residuos históricos señalados en su reflexión. De estos aspectos tratamos en nuestras aulas aferrados a la libertad de cátedra.

    • Es un honor que nos visite, por cuanto considero que su respuesta no puede quedarse en un simple comentario, publicare la respuesta en un post porque veo que en su respuesta, hay una solides académica digna de ser apreciada y meditada. Muchas gracias y honrado que nos lea .. Saludos

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